
El pasado 24 de septiembre, como Escuela participamos en el III Ejercicio Nacional de Preparación y Protección de la Vida ante Situaciones Multiamenazas, una jornada en la que toda la comunidad educativa puso en práctica los planes de contingencia y los protocolos establecidos para responder ante una eventual emergencia.
El ejercicio tuvo como hipótesis principal un terremoto de magnitud 7.4 frente al litoral del Pacífico de Nicaragua, con una profundidad de 25 kilómetros, acompañado de escenarios de alerta de tsunami y fenómenos meteorológicos.
A partir de este escenario, se plantearon diferentes situaciones que permitieron evaluar la capacidad de respuesta de la Escuela ante una emergencia que podía presentar más de una situación de riesgo.
A diferencia de un ejercicio centrado únicamente en la evacuación, esta vez se plantearon diferentes obstáculos e incidencias que hicieron necesario evaluar las condiciones y buscar alternativas.
Las brigadas tuvieron que mantenerse comunicadas y reportar las situaciones que se iban presentando, mientras los diferentes equipos coordinaban las acciones correspondientes. También se simuló la atención de personas heridas y situaciones que requerían asistencia, permitiendo poner en práctica los procedimientos de primeros auxilios y la coordinación entre las distintas brigadas.
Uno de los aspectos importantes del ejercicio fue precisamente comprobar cómo responder cuando las condiciones previstas cambian. Una ruta podía encontrarse bloqueada, una zona podía dejar de ser utilizable o podía surgir una nueva situación que requiriera modificar el desplazamiento.
De esta manera, el ejercicio permitió trabajar no solo la evacuación, sino también la capacidad de evaluar lo que está ocurriendo y actuar de acuerdo con las circunstancias.
Durante el simulacro, docentes, estudiantes, personal administrativo y brigadas participaron en las diferentes etapas del ejercicio.
Los docentes estuvieron a cargo de sus grupos durante la evacuación y el conteo en las zonas de seguridad. Las brigadas apoyaron el desplazamiento, atendieron las incidencias planteadas y mantuvieron comunicación con los responsables de la emergencia. A su vez, los coordinadores reunieron la información de las diferentes áreas para conocer el estado de la población evacuada.
El conteo fue también una parte importante del proceso. Una vez ubicados en las zonas de seguridad, cada grupo debía verificar que sus estudiantes y colaboradores estuvieran presentes y comunicar cualquier incidencia al equipo correspondiente.
El ejercicio también permitió poner atención a las diferentes necesidades que pueden presentarse durante una emergencia.
Además de la atención de personas heridas dentro del escenario planteado, las brigadas contemplaron el apoyo a quienes pudieran necesitar asistencia durante la evacuación. Este tipo de situaciones requiere que exista una organización previa y que cada responsable conozca cómo actuar.
También contamos con el acompañamiento de nuestras consejeras para apoyar a los niños que podían necesitar mayor contención emocional durante el ejercicio. Aunque se trataba de una simulación, la experiencia podía generar preocupación o temor en algunos estudiantes, por lo que este acompañamiento fue parte importante de la jornada.
El III Ejercicio Nacional permitió poner a prueba los planes de contingencia de la Escuela en un escenario más amplio, donde la respuesta no dependía únicamente de seguir una ruta establecida.
La participación de toda la comunidad educativa permitió practicar la comunicación entre brigadas, la evacuación, el conteo, la atención de personas heridas, el acompañamiento a quienes requerían apoyo y la búsqueda de alternativas ante diferentes obstáculos.
Cada ejercicio permite identificar aspectos que deben mantenerse y otros que pueden seguir mejorándose. En esta ocasión, la experiencia volvió a demostrar la importancia de contar con una organización clara y de que cada persona conozca su función ante una situación de emergencia.
La preparación ante un desastre natural requiere práctica, coordinación y capacidad para responder a diferentes escenarios. Por eso, estos ejercicios forman parte de un proceso continuo en el que la comunidad educativa aprende y fortalece sus procedimientos de respuesta.







